Desde mi punto de vista

La niña sin problemas de comunicación

Yo aprendí a leer escribir, sumar y restar a los 3 años. También tocaba algunas piezas en el piano y mucho antes de eso hablaba, y hablaba mucho, una niña, más que perfecta superdotada (comunicativa según muchos). Claro eran adultos y me seguían la charla… Con ellos podía decir todo lo que sabía, incluso lo que pensaba.

Nos adaptamos, mi primera vez como hija su primera vez como padres, no había debate alguno; todo pensamiento era digno de admiración simplemente por ser la niña de la casa, pero con los niños de mi edad, ya en el cole, venía el problema, no cuadraban los temas de conversación y yo seguía mi rumbo, no era recíproca en las charlas, los adultos se ponían a mi altura, los niños no me entendían y la ansiedad hacía me pusiera repetitiva y monotemática con los niños.

Con los adultos fluía al ellos seguirme, esto lo podían haber visto los maestros, pero sólo ponían atención de conductas como peleas, mis diálogos eternos sin público eran invisibles antes las emergencias en la tierra de nadie, invisibles a mi familia o psicólogos que me veían en solitario interactuando siempre con adultos. Por ejemplo, a veces mis tíos me preguntaban por la última película que había visto, o por un libro que estaba leyendo, si se los contaba entero, o tardaba 40 minutos en relatar una película de 50 minutos, ellos escuchaban fascinados sin aburrirse, incluso después me hacían preguntas, me llamaban para demostrar ante otros mi memoria.

¿Cómo podría tener yo problemas de socialización si era el centro de la atención en reuniones sociales? Nadie nunca me preguntó si sabía realmente que había una fiesta en casa, o solo respondí a un llamado y preguntas directas sin notar el entorno y claro, al tener yo la información, podía responder, pero si me preguntaban que había almorzado ese día, o que había hecho en el cole, no podía responder (eso según ellos y al momento de entrevistarlos era buena comunicación, solo era increíblemente inteligente pero despistada).

Pero con otros niños, fuera de la vista de algunos adultos, yo hablaba de lo que sabía y a los pocos minutos quedaba sola. No eran adultos para ponerse a la altura de mi lenguaje que no era tan sofisticado para un adulto pero sí para otro niño, la información les aburría y  ahí sola sin tener con quien hablar seguía sin parar, hablando sola, angustiada porque sabía que nadie me escuchaba pero no podía parar, mientras escuchaba “tonta, tonta, mongólica, retrasada”, mientras seguramente y como muchas veces hablaba de dinosaurios y planetas o glóbulos blancos y rojos, con la boca disparando saliva, mirando al cielo ¡con migas de galleta de la colación pegadas a la cara! O quizás, como una vez que estaba descalza porque entre varios compañeros me quitaron los zapatos y lo noté cuando mi mama me vió sin ellos.


Horas después en el cole, la situación se volvía un pensamiento rumiante y me quedaba pegada en frases, se me salían de la boca al pensarlas tanto, pero de nuevo nadie lo notaria y nos regañarían a mí y a mi compañera de mesa por hablar toda la clase “¡ella habla sola profe! ¡Yo no estoy conversando con ella y habla! Entonces nos cambiarían de mesas por ser muy amigas y parlotear mucho, escuchar a tu nuevo compañero de mesa decir: “Oye, yo no quiero que me regañen por tu culpa, no me hables que no soy tu amigo” al tiempo que la maestra decía- “¡Ya no sé con quién sentarte te haces amiga de todos!”.

Entonces en mi mente volvía ocurrir una y otra vez lo que había pasado, porque no lo entendía y pensaba en lo que no había podido decir bien o no había dicho, frases, palabras en voz alta, ecolalia, pero eso no lo podían ver mis padres porque al llegar a casa tomaba un libro de la biblioteca y me subiría a una mesa a recitar países y ya lo vivido en clases sería parte de un pasado lejano, así como al estar en el cole mi casa era un pasado lejano, de algo inexistente en ese presente eterno en el que vivo, presente y actual pasado hermoso en que podía ser la reina de los países. Mi madre orgullosa me preguntaría las capitales y tendría la respuesta. Ni mis terapeutas al estar uno a uno con ellos podrían notarlo, entonces acusarían a mi madre de provocarme estrés por sobre estimulación siendo que como cualquier mamá, simplemente trataba de comunicarse con migo, en mi idioma, como haría cualquier padre, ¿Por qué no lo vieron? La situación era distinta, no se observaba el motivo por el cual me referían y no replicable en una consulta, ni en millones de consultas de unos cuantos minutos, ni en un millón de minutos en consulta cuando no puedes explicar lo que puedo explicar y rememorar hoy con 40 años. ¡Ufff! 40 años para explicar y más de 30 en mi mente, pendiente para explicarlo.

Jethzabet Yañez

 

 

5 comentarios en “La niña sin problemas de comunicación

  1. Yo era exactamente así cuando niña, nunca me habría imaginado que posiblemente tenga TEA, tengo un hijo de poco más de dos años recientemente diagnosticado con TEA, ahora me hace sentido todo.

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