AdultasDesde mi punto de vista

¿Adónde se fue mi lindo Autismo?

¡Llegué a la consulta de mi psiquiatra furiosa! Cada día era peor. Sentía que ninguna terapia, ninguna medicación, nada podría sacarme de ese agujero en el que estaba. No era depresión, no era pena, era rabia. ¡Una ira insoportable! Llevaba tres años poniendo todo de mí, con gente a mi alrededor apoyándome, un equipo multidisciplinario que apenas lograba costear, una familia dando todo de sí para comprender a cabalidad mi diagnóstico. Un diagnóstico que, se suponía, era la antesala a tiempos mejores, autoconocimiento y liberación. Pero ahí estaba yo, sintiéndome el ser humano más miserable de todos, una lucha constante por navegar contra marea, en un bote podrido, lleno de agujeros, y sin remos.

A veces buscaba aliento, y fuerzas para seguir en los miles de post que circulan por internet, de grandes personajes a los que se les adjudica diagnóstico TEA. Pero no soy Bill Gates, ni Tim Burton, ni mucho menos Daniel Tammet. Sólo era yo, una masa deforme de problemas neurológicos, que no me permitían siquiera compatibilizar la maternidad con la vida laboral. Un trabajo modesto que inventaron otros para mí, para que dejaran de despedirme una y otra vez por mis torpezas. Solo anhelaba terminar mi jornada, sin esa sensación de haber hecho todo mal, sin tener diálogos, errores martirizándome, días, meses, años. Terminar la jornada, sin tener que encerrarme en el baño a gritar, a darme de golpes en la cabeza para frenar mi mente, para dejar de escuchar todo, para quitarme ese mareo de tener que moverme, y reaccionar más rápido de lo que mi cerebro podía procesar para quitarme esa molestia, que es casi un dolor, de tener que poner atención a mil cosas la vez. Gritar, golpear, mecerme hasta el agotamiento, para abrir la puerta y ver a mi hija de 6 años afuera, ansiosa por estar conmigo, que me esperó pacientemente todo el día, porque sabe soy la única que comprende lo que dice con su monologo incansable de programas de diseños. ¡Mamá ven! Mira, Control Alt Suprim, mira te sale error todos los que le salga el error; mira, control alt suprim de dynamic library rld.ll falla to initialize. Mira, E1103, después en installer, después en vc, y otra vez en vc, control alt suprim! Vc, luego, en redist y activar el vc redist_86, y luego activan el launcher e inician el programa. ¡Mamá mira, control alt suprim! Y yo, con una sonrisa en los labios, con ganas de gritarle: ¡¡cállate callateeeee!! , y salir corriendo lejos de todo y de todos, pero sonreír para ir ver qué quería mostrarme y entrar a ese cuarto asqueroso que no lograba limpiar, porque no sabía por dónde empezar, porque mi mente se desconectaría a mitad de labor, y estaría horas limpiando un radio de 20 cms, tratando de escapar del: “control alt suprim” CONTROL ALT SUPRIM!!! Jethy son las 9:00, y no le has dado cena a la niña. Mientras trataba de pensar en llegar al lavadero con la ropa sucia: ¡Jethy, son las 12:00, y no has acostado a la niña! Mientras me paseaba con el cuaderno de matemáticas de primer grado, tratando de decidirme en hacer tareas ¡Jethy, deja de pasearte y acuéstate! ¡Jethy, levántate que tenemos que trabajar! ¿Qué hace este cesto de ropa a mitad de pasillo? ¡Mira, como tienes ese cuarto de sucio y ahí tienes durmiendo a la niña, hacé algo por la niña, mira como habla! ¿Hicieron tareas ayer? ¡La niña se está atrasando y es por tu culpa! Cómo explicarle, que estuve horas con el cuaderno en la mano tratando de vencer la angustia que me provocaba estar cerca de mi propia hija. ­¡DEJA DE DECIRME LO QUE TENGO QUE HACER! NO ME DEJAS PENSAR! ¿Tú crees que me gusta decirte todo lo que tienes que hacer? ¡Si hicieras tus cosas yo no estaría pasando rabias! ¿Qué será de ustedes el día que yo me muera? Yo, callando todas las respuestas que mi lógica me daba: respirar, pensar por mí misma, enterrarte y seguir con mi vida como todos los seres humanos; extrañarte un tiempo hasta superarlo. La miraba en silencio, sin decir nada, evitando dar una respuesta, que sabía, la haría sufrir. Mientras ella me gritaba incesante, yo nerviosa, perdiéndome poco a poco en mi mente y perdiendo el dialogo; viéndola mover sólo los labios, y volver a escuchar una frase para después perderme, y volver a escuchar: ¡no dices nada cierto! Dejas que la loca hable total, son estupideces, labios que se mueven. ¡Que ladre el perro! Yo mirando de un lado a otro: ¿cuál perro?! Eso búrlate de mí! ¡Hacete la tonta¡ Pero no me hacia la tonta: lo era, era sorprendentemente tonta.

Ese día, me levanté como todos los días a trabajar. Me tome mi coctel de medicación para poder ser funcional, y con esa funcionalidad poder pagar terapias y medicación que me harían ser funcional, para poder pagar la funcionalidad y poder pagar el eterno “loop”. Realicé mi rutina de todas las mañanas, limpie el pequeño restorán bajo constantes­: “apúrate que la hora pasa”;” ¿cómo puedes demorarte tanto?, ¡mira así se hace! Y ver como alguien demora 20 minutos, en hacer lo que tú haces en dos horas. ¡Ya te saliste con la tuya! Ahora yo tengo que hacer lo mío y estoy atrasada por ayudarte.

Las 12:30, la hora en que se levanta el telón, y de nuevo no alcancé a bañarme por estar ocupada haciendo muy poco. Una sonrisa, y “luz cámara y acción”: -muy buenas tardes ¿Qué se van a servir? – Hoy tenemos: cazuela de vacuno, lentejas con longaniza, prietas, pulpa al horno o bistec con puré, arroz, y tallarines con salsa boloñesa; de ensalada tenemos: tomate, cebolla, lechuga, repollo, coliflor, betarraga (contacto ocular y anotar); gaseosas tenemos…. ¿Señora, me puede atender? -Si enseguida déjeme atender al señor, y lo atiendo enseguida (sonrisa).- Tengo Coca, Fanta, Sprite. ¿Me podría repetir el menú? Tenemos: cazuela de vacuno bla bla… Deme chuleta y ensalada de apio. ¡No! Tenemos: cazuela de vacuno bla bla… – ¿Oiga, a qué hora me va a tender? Entro y salgo, entro y salgo. Cada vez que salgo, está más lleno. ¡Señora, se le olvido ponerme cuchara! ¿A qué hora sale mi plato? ¿Se cobra, por favor? ¡Oiga, yo no pedí esto! ¿ Me trae más gaseosa? ¡Control alt suprimir! Ven, ven, Germán subió un video de… ¡Jethy, se acabó el puré; ya no lo ofrezcas! Crashhh!!!Platos tronando contra platos: un re sobre agudo de unas copas al fregarse ¡Oiga, yo estaba primero que él! ¡Míreme cuando me habla! ¡Pero no me grite señora! ¡Oye, cálmate, no grites a los clientes! ¿Pero, por qué ofreciste puré? ¡Te dije que no quedaba!¿Me da la cuenta? Y comienza el duende ilusionista a hacerme trucos de magia. Dejo caer un billete de 5 a la caja y se borra de mi mente mientras cae… ¿Cuánto era? ¿Cuánto era? Hago memoria, y veo mi mano, y en segundos recuerdo todos los billetes que he recibido de 5 de 2 de 10 de 20… ¿Cuál era? ¿ Qué ensalada sigue? Chilena, tengo que hacer una chilena. Pongo: tomate, cebolla, cilantro, y tengo una… ¡Siete platos de chilena! ¡Si solo hice un plato! Llego otro cliente. ¿Me da la cuenta? Pienso: dos platos de comida, una gaseosa de litro, pienso: son $6700, pero digo: son $5700, perdón: son $6990 perdón: son 3500, perdón: son $12700; y la maldita cifra correcta no sale de mi boca. ¡Tome, cóbrese lo que sea estoy apurado! Camino a la cocina. El viaje se me hace eterno. Siento que estoy en la cabina de un avión de combate, porque todo se mueve, pero no puedo dejar de ver todo: platos cubiertos, refrigeradores, pared, una sombra moverse…No, es el resplandor, el reflejo de la ventana de un bus que pasó por el frente, y lo vi en el muro. Estoy mareada. La gente me habla de frente, pero el sonido lo escucho por un costado, por mi espalda, ya no sé quién me habla. Los de una mesa se cambiaron, ya no sé de quién es qué plato, ni dónde están. ¡Ocho míseras mesas, y se me pierden los clientes! Las imágenes se vuelven fijas, y veo todo como una fotografía que me alejan y me acercan intermitentemente mientras camino ¡El baño, necesito ir al baño! Pero no logro llegar porque no puedo dejar de caminar de un lado a otro. El paseo eterno, donde me pierdo entre unos siete pasos de ida, y otros siete pasos de vuelta; hasta que me hablan, y me doy cuenta de que estoy en el restorán haciendo caras y gruñidos ¡La cuenta de la 7! ¿Qué? – Deja de pasearte y dime cuánto debe la mesa 7! ¡Haz la boleta que yo no veo!

No sé cómo ni cuándo llegue a la consulta. Ni vi a la secretaria parlanchina, ni sé si salude al portero (sonrisa, contacto ocular). ¡Buenos días! Ni sé si camine tiesa, o resuelta, o si se me olvidó fijarme si daba un paso a la vez sincronizando los brazos como siempre. Sólo entré a la consulta y le grité: ¡odio el autismo; lo odio! ¡Tú me diagnosticaste, dime! ¡Dime, dónde están mis súper talentos! ¡Dime dónde está mi súper inteligencia! ¡Son unos estafadores!¡ Me dan un diagnostico lapidario y el premio de consuelo no existe, no existe! Me dejé caer en la silla llorando, nunca la vi, pero escuche que me dijo: pero, ¿algo bueno debe de tener, no? Respire profundo, y la consulta desapareció. Vi mis manos pequeñas tocando el piano, y del piano ver salir colores ondulantes: azules, verdes, violetas, como olas que se contorneaban. Quise relatar eso, pero otro recuerdo se me cruzó, sabes. Yo, de niña me ponía malla y tutú. Desocupaba la alfombra, y ponía el radio en la emisora Beethoven, y me ponía a escuchar a que sonara un ballet. De pronto, de la radio venían olas de colores que me envolvían, y entonces me paraba y danzaba. Daba saltos de bailarina entre el rojo y el naranjo, y giraba entre azules y verdes. Mis saltos eran enormes, porque me sentía muy liviana. Lo hacía tan bien, que estaba segura que sería bailarina de ballet cuando grande, la mejor. Pero nunca ocurrió. Cuando le mencionaba lo del ballet a mi mamá, solo sonreía. Muchos años después, le mencioné ese recuerdo, y le cuestioné no ver mi gran talento y aprovecharlo. Ella me dijo que no recordaba eso, que si recordaba lo de la música y el tutú, pero yo solo me quedaba sentada en la alfombra escuchando música y nunca me moví. Solo estaba ahí, perdida mirando el infinito… ¿Eso no le pasa a los Neurotípicos, cierto? ¡No, eso no les pasa! Me despedí de ella sabiendo que no la vería más. De regreso, escogí caminar por el parque feliz de haber encontrado ese recuerdo. ¿Pero, dónde estaba? ¿Dónde estaba mi feliz autismo? ¿Por qué me había abandonado? Empecé a girar y girar buscándolo. Giros mirando las copas de los árboles ¡Y, zas! Me dejé caer en la yerba, y se levantó el olor a tierra, humedad y a hojas secas caídas. Las escuché crujir bajo mi cuerpo. Me vi pequeña, viendo a mi abuelo regar el pasto ¡Mil arcoíris, Tata! Mi abuelo adelgazaba el chorro de agua, y yo veía mil arcoíris salir del… Abrí los ojos, y ahí estaba, mi autismo feliz en forma de un halo de luz, y de él caer millones de partículas, como micro pelusitas contorneándose y dando colores tornasol cayendo muy lentamente…

Llegué a mi casa riéndome. Hacia un momento, unas pocas cuadras atras, una persona que venía hacia mí me dijo: ¡Hola! ¿Cómo estás? No lo reconocí, pero si me saludaba, de seguro lo conocía de alguna parte. ¡Muy bien, gracias! Le respondí con una gran sonrisa, pero no me hablaba a mí, sino a una persona detrás de mí. Me reí y reí por qué no me importaba. Yo traía mi yerba, mis arcoíris y mis partículas tornasol perdidas…

Al entrar, corrí al cuarto de Katrina, la saque de su escritorio, la senté en mis piernas y le conté la historia del tutú. -¿En serio mamá? – Jajajjaja sí, es verdad. ¡Sabes mamá! El otro día, estaba corriendo (hace los mismos paseos que yo por el pasillo, pero corriendo) y estaba en un video juego que inventé! Pero de pronto, no estaba en el video juego que quiero inventar de Ecuestria Girl. Estaba aquí, en la casa. Pero yo lo vi en mis ojos, y se comenzó a carcajear. ¡Que loca soy mamá! ¿Cierto? -¡No! No estás loca ¿Sabes qué es lo que pasa? -¿Qué? -Pasa que… Vip vip, “control alt suprim”,jajjajjajjajja.

 Jethzabet Yañez

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 foto: Sunny Studio

9 comentarios en “¿Adónde se fue mi lindo Autismo?

  1. Wau!! que relato.. no pude dejar de leerlo hasta el final…tengo a un amigo con un familiar que tiene a su hijo con autismo..no se que grado…pero me han comentado su comportamiento lo ultimo que se es que lo iban a internar en un neuropsiquiatrico…pero la mama decidio que no…no es nada facil convivir con un diagnostico asi… ni para el paciente ni para la familia…desearia que ninguna persona tenga esta afeccion…pero es imposible…lo que deseo es que todos puedan lograr tener la capacidad de convivir sin tener que sobrevivivir cada dia de sus vidas.

  2. Por si todavía no has encontrado tu fortaleza , yo si la veo, eres una escritora, así que manos a la obra, Dios t bendiga, y muchas buenas vibras desde Venezuela.

  3. Hermoso honesto, sigue con tus arcoiris y tus particulas tornasol, tienes una gran fortaleza, hace rato perdiste El miedo, ese miedo q te paraliza y no te deja descubrir q hay mas alla, tu ya lo hiciste y lo sigues haciendo, eres una de mis héroes.

  4. al leer esto me dio unas ganas de llorar, yo tengo un hijo que fue diagnosticado con TEA leve y el enveces se queda viendo al infinito y mas aya y a la mejor el tambien ve esas cosas que dices tu pero el en su propio mundo y con sus propias aventuras 🙂 hermoso relato,

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